20110214

EL BESO

GUSTAV KLIMT
Austria 1862 - 1918

Más era un beso
Menos las manos en los ojos
El halo de la luz
En los labios del horizonte
Y unos remolinos de sangre
Que se entregaban al silencio.
 
Paul Eluard
Francia  1895- 1952

20110213

SOBRE LAS PALABRAS

...Las palabras también, lentas, lentas, el sujeto muere antes de llegar al verbo, las palabras también se detienen. ¿Mejor así, pues, que en los tiempos de la locuacidad? Eso es, eso es, el lado bueno. Y la ausencia de los otros, ¿nada significa? Bah, los otros, los otros no existen, eso jamás ha molestado a nadie. Además aquí deben de haber, otros otros, invisibles, mudos, no importa. Sin embargo, nos escondíamos de ellos, pasábamos rozando sus muros, es verdad, aquí falta esto, los derivativos faltan, aquí está lo malo, bah, eso se decía allá arriba, sinapismo viviente. Mientras las palabras salgan nada cambiará, ahí están las viejas palabras sueltas aún. Hablar, no hay más, hablar, vaciarse, aquí como siempre, no hay más. Pero las palabras se agotan, es verdad, esto cambia todo, salen mal, malo, malo. O es el temor de llegar a las últimas palabras, de saldar las cuentas, antes del fin, no, porque ese sería el fin, a fin de cuentas, no es seguro. (...) Allá arriba quizás sea verano, quizá sea domingo, un domingo de verano.

fragmento de Textos para nada II
en Relatos
de Samuel Beckett
Irlanda 1906-1989

20110212

SOBRE LA POESÍA


Hablar por hablar, arrancar sones a la desesperada, escribir al dictado lo que dice el vuelo de la mosca, ennegrecer. El tiempo se abre en dos: hora del salto mortal.
Palabras, frases, sílabas, astros que giran alrededor de un cetro fijo. Dos cuerpos, muchos seres que se encuentran en una palabra. El papel se cubre de letras indelebles, que nadie dijo, que nadie dictó, que han caído allí y arden y queman y se apagan. Así pues, existe la poesía, el amor existe. y si yo no existo, existes tú.

Por todas partes los solitarios forzados empiezan a crear las palabras del nuevo diálogo.

El chorro de agua. La bocanada de salud. Una muchacha reclinada sobre su pasado. El vino, el fuego, la guitarra, la sobremesa. Un muro de terciopelo rojo en una plaza de pueblo. Las aclamaciones, la caballería reluciente entrando en la ciudad, el pueblo en vilo: ¡himnos! La irrupción de lo blanco, de lo verde, de lo llameante. Lo demasiado fácil, lo que se escribe solo: la poesía.

El poema prepara un orden amoroso. Preveo un hombre-sol y una mujer-luna, el uno libre de su poder, la otra libre de su esclavitud, y amores implacables rayando el espacio negro. Todo ha de ceder a esas águilas incandescentes.

Por las almenas de tu frente el canto alborea. La justicia poética incendia campos de oprobio: no hay sitio para la nostalgia, el yo, el nombre propio.

Todo poema se cumple a expensas del poeta.

Mediodía futuro, árbol inmenso de follaje invisible. En las plazas cantan los hombres y las mujeres el canto solar, surtidor de transparencias. Me cubre la marejada amarilla: nada mío ha de hablar por mi boca.

Cuando la Historia duerme, habla en sueños: en la frente del pueblo dormido el poema es una constelación de sangre. Cuando la Historia despierta, la imagen se hace acto, acontece el poema: la poesía entra en acción.

Merece lo que sueñas.

Hacia el poema (fragmento II) en Libertad bajo palabra
OCTAVIO PAZ
México 1914 - 1998

20110209

PARA SOÑAR...


Había una vez una niña, como cualquier otra niña;
tenía la cabeza llena de curiosidad
por todas las maravillas del mundo,
llena de imaginaciones sobre las estrellas,
llena de asombro por el mar.
Le fascinaba encontrar cosas nuevas...
hasta el día que encontró un sillón vacío.
Entonces se sintió insegura
y pensó que debía poner su corazón a salvo.
Al menos por un tiempo.
Así que lo metió en una botella y se lo colgó del cuello.
Con esto las cosas parecieron mejorar...al principio.
Pero la verdad es que ya nada era igual.
Se olvidó de las estrellas... y ya no se fijaba en el mar.
Ya no tenía curiosidad por las maravillas del mundo
y no prestaba mucha atención a nada...
excepto a lo pesada... e incómoda que se había vuelto la botella.
Pero al menos su corazón estaba a salvo.
Nunca se le habría ocurrido qué hacer
si no hubiera encontrado a una pequeña
que todavía sentía mucha curiosidad por el mundo.
Antes hubiera sabido responderle a la pequeña.
Pero ahora no. Le hacía falta su corazón.
Y en ese preciso momento decidió sacarlo de la botella.
Pero no sabía cómo hacerlo; ya no se acordaba.
Nada funcionaba. La botella no podía romperse;
solo rebotó y rodó... justo hacia el mar.
Ahí, la pequeña que todavía sentía curiosidad por el mundo,
tuvo una idea que podría funcionar.
Y resultó... que sí.
El corazón regresó a su lugar y el sillón ya no estuvo tan vacío.
Aunque la botella sí.

texto e ilustración de  "EL corazón y la botella"
de Oliver Jeffers
Australia 1977

20110207

DESTELLOS

Empieza a llover:
tras la puerta entornada
no se puede evitar que sacuda el corazón
este aroma de tierra llovida.
Se adivina a lo lejos
el furor de las gotas
junto a la sed.
Con el aroma, por la puerta entornada
entra al jardín.
Mientras acecha mi sediento corazón.   

   Dolores Castro 
México 1923

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